lunes, 6 de octubre de 2014

Politizar la desidia

Permitidme que, desde lejos, eche un vistazo al problema de España y su contagio del ébola. Quizás a esta distancia me pueda permitir lo que no me permitiría allí mismo, pero el caso es que no deja de llamarme la atención el énfasis que ahora se pone en algo que era hasta hoy sobradamente conocido y causaba miles de muertes al año.

Hay una cosa que todos los españoles saben, aunque sólo se habla de ello en privado: los hospitales son peligrosos. Cuando se reduce el tiempo de hospitalización de las personas, la supervivencia aumenta, y eso se debe a que el número de infecciones hospitalarias es terriblemente alto en España. ¿Por qué? Por bacterias resistentes, por mala gestión de los hospitales, por desidia en general del personal médico, que no cumple los protocolos  ni a tiros.

Si preguntas por ahí, res casi imposible encontrar a alguien que no haya conocido un caso de infección hospitalaria, de alguien que ingresó con una chorrada y se murió, o estuvo a punto de morirse, por una porquería contraída en las instalaciones sanitarias.

¿Y por qué de todo esto nos e hablaba y ahora se habla del ébola? Porque la infección normal y corriente, la porquería diaria, no le rendía réditos políticos a nadie. Porque el corporativismo médico tapaba cuidadosamente la fosa común de los muertos en esas infecciones, sin que nadie sintiese el menor deseo de exhumar toda esa mugre.

Sin embargo ahora ha aparecido la ocasión de culpar la Gobierno, y la valoración del asunto cambia. Ahora ya importa menos el corporativismo médico, porque parece que no se acusa a los médicos. Ahora ya importa menos lo que se hizo mal, porque parece que el que lo hizo mal fue un tipo en un despacho, y no el de siempre, el que no hace ni caso de las normas, el que actúa sin  preparación, el que gestiona las unidades de infecciosos.  
¿Qué ha ocurrido en España? Una variación de lo de siempre. Pero es mediático, pero se puede sacar tajada política, pero se puede intentar sacar algo distinto a lo que se discute, pero se puede hacer daño al adversario.

¿Y con las infecciones, millares, de todos los meses, qué se va a hacer? Encogerse de hombros, como siempre.

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