domingo, 28 de septiembre de 2014

Problemas y problemas irresolubles. La transición hacia nuevos modelos de sociedad

Hoy quiero hacer llegar la traducción que Anselmo, forero de Crasdhoil, realizó de un importante artículo de Michael Greer. Se trata de uno de esos textos que nos invitan a la reflexión desde algo más que la frialdad de los datos. Es, por tanto, un texto intelectual que aborda materias técnicas y se centra en la realidad de América, aunque resulta igualmente válido para el resto del mundo. Espero que os guste.


Uno de los lectores regulares de este blog expresó en un comentario hace unas semanas su ferviente esperanza de que  yo pudiera escribir algunas pocas líneas sobre las medidas que la debería adoptar con respecto al presente  problema irresoluble   a la que se enfrenta la civilización industrial. Es una pregunta clara y sencilla.   Tanto que mucho de lo que he escrito en este post se ha centrado en explorar dicho problema irresoluble en si mismo, siguiendo sus raíces a través de uno de los lugares comunes del pensamiento moderno, y demostrando que muchas  de las asunciones usuales con respecto a lo que está pasando  y como tratar con ello están fundamentadas en fantasías y malentendidos.; como Buckminster Fuller gustaba señalar, utilizando un dicho popular cuyo significado es que es un error interesarse por los detalles de un tema si todavía no tienes claro si éste te interesa  . No obstante, antes o después, los temas teóricos precisan dar salida  a propuestas para la acción. 

Dichas propuestas son lo suficientemente comunes estos días, para estar seguro. Hay mucha gente convencida de que reemplazar los individuos actualmente en el poder por otros más de su gusto es el primer paso en la resolución de los problemas a que se enfrenta nuestra civilización industrial.  También hay muchos otros que insisten en que los problemas no pueden ser resueltos de ningún modo, la civilización industrial está condenada a ser asolada por completo, y la única respuesta apropiada supone esconderse en una cabaña en los montes con un alijo muy completo de parafernalia al estilo Mad Max. Un tercer enfoque vislumbra una solución parcial vía construcción de eco villas y una economía sostenible, apoyada y financiada por individuos y comunidades locales  Con la esperanza de tener Buena parte de una infraestructura alternativa en funcionamiento  antes de que el conjunto actualmente disponible se venga abajo. Yo ya he afirmado en otro lugar que las dos primeras opciones son inútiles en el mejor de los casos y me siento inclinado a ser menos tajante con la tercera en la medida en que esta se mantenga a salvo de la tentación de  fantasear con el desvarío de que la clase media estadounidense  basados en la creencia de puede mantener los privilegios y beneficios extraordinarios  de su extravagantemente y subsidiarizado estilo de vida por mucho tiempo. 

A pesar de las diferencias entre ellos, sin embargo, cada una de las tres propuestas conceptualiza la situación -del mismo modo-– como un problema que requiere una solución. Esto que puede parecer de sentido común, no lo es, y un paralelo histórico puede ayudar a percibir lo que está pasando aquí. 

Imagine,  que algún antepasado mío  aparece en una prospero pueblo campestre  en las Midlands inglesas un brillante día de otoño en torno a 1700. Esta pacífica escena pende del flanco de un cambio catastrófico. Cortesía de la inminente llegada de la Revolución Industrial, antes de que haya transcurrido un siglo, cada edificio en la villa será derribado, sus campos convertidos en pasto para el ganado ovino, los campesinos expulsados de sus tierras por las Enclusure Acts, aprobadas por un distante parlamento con la finalidad de proveer de lana a la industria textil inglesa  y de beneficios a una nueva clase de magnates industriales. Para los hombres jóvenes del pueblo, La transformación de Inglaterra en un imperio mundial constantemente guerreando con sus rivales europeos profetiza un futuro de trabajos forzados, servicio militar y muerte en  campos de batalla de cualquier lugar del mundo. Para una mayoría de los otros, el futuro ofrece  una elección forzada entre una vida de trabajo de fábrica a precios de hambre en los horribles barrios bajos de la Inglaterra del siglo 18, o la emigración a un incierto destino  en las colonias americanas. Unos pocos afortunados prosperarán más allá de sus sueños más salvajes gracias a haber apostado en maneras de ganarse la vida que nadie en aquel día de otoño habría sido capaz ni tan siquiera de  fantasear. 

Imagina que, cosa harto improbable, mi antepasado hubiera concebido todo esto con antelación,  y hubiera decidido advertir a los habitantes del pueblo de lo que se avecinaba.  Allí sobre el césped que crecía en la zona central del pueblo y a la sombra de un roble con todos  sus vecinos reunidos, desde el escudero y el párroco  a los porqueros y jornaleros congregados  a su alrededor   , el les diría que su modo de vida iba a ser finalmente destruido e intentaría describirles el modo en que la naciente sociedad industrial les iba afectar, a sus hijos, y a la tierra y vida que ellos amaban. Imagina que, cosa  más mucho más improbable todavía, todos los vecinos tomasen la advertencia  en serio.  A medida que la tarde pasa los habitantes del pueblo reconocen que éste es un serio problema verdaderamente y que le preguntarán a mi antepasado imaginario, sobre qué era lo que él pensaba que debían hacer al respecto. 

  Si la pregunta hubiera sido hecha, ¿ cual podría haber sido la respuesta? Desde la perspectiva de hoy es  manifiesto que nada que los habitantes del pueblo pudieran haber hecho podría haber modificado el curso de la Revolución Industrial lo más mínimo.  Las causas estaban muy lejos de su control – eventos geológicos a millones de años en el pasado  habían dejado inmensos depósitos de carbón en el fondo de los mares que algún día llegarían a ser Inglaterra, patrones económicos que se remontaban  a la caída de Roma, cambios políticos que llevaban sacudiendo Europa durante dos siglos - conduciendo a Inglaterra a través de su transformación industrial. Si, por una solución, sus oyentes se refieran a cambiar la situación entera a mejor, mi antecesor imaginario habría dicho que ninguna. 

Como mucho, él podría haber dado a los habitantes del pueblo consejo sobre como  contemporizar con el torrente de cambios que estaban a punto de romper sobre sus cabezas de forma que éste fuera un consejo general. Las consecuencias de la revolución fueron casi tan complejas como sus causas. La destrucción de la economía rural tradicional de Inglaterra y de la sociedad que dependía de esta, produjo olas de cambio que se movieron en todas las direcciones. Las respuestas exitosas a estas siguieron caminos divergentes. Algunos prosperaron abandonando sus viejas vidas  por completo  y relazando la travesía a un nuevo continente y a una nueva vida o a una nueva economía, otros por optaron enterrarse hasta los tobillos y mantener su viejo modo de vida tanto tiempo como fue posible, Otros manteniéndose flexibles y manteniendo todas sus opciones abiertas. Al mismo tiempo otros encontraron que una u otra de estas estrategias les condujeron sólo al empobrecimiento y a la muerte prematura. 

La cuestión en sí misma, naturalmente, era la dificultad inevitable. Lo que aquellos habitantes de un pueblo inglés afrontaron en los años siguientes a 1700 era un problema irresoluble, no un problema. La diferencia es que un problema precisa una solución; la única cuestión es si uno la puede encontrar y poner en práctica y una vez que esto está hecho, el problema está resuelto. Un problema irresoluble, por contraste, no tiene solución. Enfrentada a éste, la gente responde de distinta manera,  esas respuestas pueden triunfar, o fracasar, o pueden quedar entre ambos extremos, pero ninguna de ellas “resuelve” el problema irresoluble, en el sentido de que ninguna de ellas lo elimina de raíz.     

Para los seres humanos, al menos, el problema irresoluble  arquetípico es la inminencia de la muerte  frente al que  nosotros tenemos respuestas que están en un rango entre la evasión y la denegación hasta alguna de las mayores creaciones de la mente humana.  Debido a que es un problema irresoluble, no un problema, las respuestas no lo hacen  desaparecer, Ellas no lo resuelven, simplemente tratan con su problema irresoluble. Ninguna respuesta funciona con todo el mundo, A pesar de que alguna tiende a hacerlo mejor que otras. El problema irresoluble  permanece, y condiciona cada aspecto de la vida de un modo u otro. 

La diferencia entre un problema y un problema irresoluble  tiene particular relevancia aquí y ahora, porque los últimos trescientos años han sido testigos de un curioso cambio   en el modo en que algunos factores básicos de la vida han sido conceptualizados. Desde el advenimiento de la civilización industrial, los problema irresolubles que definen lo que se acostumbra llamar “la condición humana” han sido enmarcados como un conjunto de problemas a resolver.  La Muerte misma cae en esta categoría por un lado tenemos transhumanistas comido Alan Harrington en su Proclamación inmortalista de que la Muerte  es “una imposición a la raza humana” por el otro lado tenemos una industria médica dispuesta a infringir  casi cualquier cantidad de indignidad y dolor en orden a preservar simple la vida biológica un poco más de tiempo a cualquier coste. La mitología del progreso de nuestra cultura  prevé el objetivo de nuestra civilización como un estado utópico en el que la pobreza la enfermedad, la muerte y cualquier otro aspecto de los problema irresolubles s que acaecen al Ser Humano ha sido convertidos en problemas y resueltos por la tecnología.     
Yo he afirmado en otro lugar que la crisis de la sociedad industrial significa el final de tales fantasías, Y el retorno a un mundo que nuestros antepasados del 1700 podrían reconocer. Un aspecto de este retorno a la problema irresoluble es el reconocimiento de que muchas cosas  que hemos conceptualizado como problemas son realmente problemas insolubles, tal y como nuestros antepasados sabían bien. No podemos resolver esas cosas y debemos hacernos a ellas; La muerte, por ejemplo, no es una “imposición;” es una parte de la condición humana a la que no podemos escapar. Una buena observación debe hacerse,  esta también es una de las primeras fuerzas conductoras detrás del arte humano, cultura y sabiduría  y el hecho de que la confrontación con la inevitabilidad de la propia muerte es un paso inviable en el camino a la madurez humana. 

 ¿ Puede el problema  de la civilización industrial  empujarnos en la misma dirección–hacia una madurez de espíritu que nuestra cultura ha mostrado pequeños signos recientemente, hacia una más sabia y más creativa respuesta a la condición humana?  Esto es lo que todos desearíamos. No obstante la ironía de la presente crisis es que una civilización que ha intentado convertir todos los predicamentos en problemas, ha sido confrontada con problemas eludibles en su momento que, ignorados demasiado tiempo, se han convertido en problemas irresolubles.  Tal y como  ya he comentado más de una vez, una controlada y creativa transición a la sostenibilidad  podría haber sido posible si   los primeros pasos en este sentido, dados a comienzos de los años 70, hubieran continuado en los 80 y 90. Esto no sucedió y nuestro problema  de la era moderna incluye la muy alta posibilidad de  una incontrolada transición a la sostenibilidad   a través del colapso catabólico. 

Vale la pena hablar acerca de respuestas posibles a ese problema, en la medida en que ellas no estén confundidas por soluciones a un problema. En los meses por venir el Informe del Archidruida intentará trazar el mapa sobre los modos en que nuestro problema irresluble puede ser probablemente desdoblado, y algunas de las respuestas que pueden tratar con este desdoblamiento. Mis lectores no deben esperar un programa paso a paso de cómo sobrevivir y prosperar en la variedad de colapso apocalíptico por venir.   (No habiendo sobrevivido y prosperado a través de de ningún Apocalipsis últimamente, yo sería la persona equivocada para escribir semejante cosa, de todos modos) del mismo modo que mi antepasado imaginario en el ejemplo anterior habría sido capaz de dar algún buen consejo  a los habitantes del pueblo esperando capear el advenimiento de la Era Industrial. Pondré lo mejor de mi parte para aconsejar a aquellos quienes quieran sobrevivir a su ocaso  No obstante, ante un problema  no hay apuestas seguras. 

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