lunes, 3 de noviembre de 2014

Osa Johnson: estrella y aventurera

Cuando Florence Baker murió en 1916, Osa Johnson tenía veintidós años y viajaba rumbo a Borneo en compañía de su esposo, Martin. Era su primer viaje juntos y durante veinte años siguieron recorriendo África en busca de las mejores imágenes. Fueron una pareja poco convencional, su pasión aventurera les llevó a remotos rincones que la indómita Ida Pfeiffer ya había recorrido en el siglo xix. Nada les detenía ni los cazadores de cabezas de Borneo, ni las fieras de la sabana, ni la impenetrable selva del Ituri donde habitaban los pigmeos. «La chica rubia y el apuesto explorador» hicieron soñar con sus exóticas aventuras a un público ávido de emociones fuertes. «Toda nuestra vida quisimos retener lo que todavía había de belleza, la naturaleza, los animales salvajes, nuestras imágenes serán un testimonio para cuando toda esa grandeza desaparezca», había dicho Osa. El cine mudo de Hollywood, donde entonces triunfaban Valentino y Chaplin, encontró en ellos un filón. Después y tras el éxito de las primeras películas de aventuras, llegaron las míticas Mogambo, Las minas del rey Salomón, La reina de África, Hatari y la inolvidable Memorias de África.
Osa Johnson, nacida en Kansas en 1894, era la digna heredera de las aventureras del siglo XIX. Tenía la belleza, el valor y la sangre fría de Florence Baker, y el humor, la jovialidad y el carácter algo excéntrico de Mary Kinsgley. Conoció a Martin cuando éste era un atractivo fotógrafo de cine que acababa de regresar de una temeraria aventura por los mares del Sur. Osa, que al mejor estilo de nuestras antecesoras era un torbellino romántico, sólo supo decir: «Lo que tú digas, cariño» cuando Martin le pidió en matrimonio. Tras su boda en 1910 comenzaron una vida nómada hasta el final de sus días. Primero, y como aperitivo, viajaron por el salvaje Oeste para promocionar la película que Martin había filmado en el Pacífico Sur. Ya por entonces Osa demostraba sus habilidades «artísticas» cantando sin rubor canciones hawaianas en cada proyección ante un público entregado. Hacia 1912 ya habían ganado bastante dinero como para regresar a los mares del Sur.
En julio de 1917 emprenden su expedición rumbo a las islas Salomón, las más peligrosas de aquella remota región. Martin sabe que allí habitan los cazadores de cabezas. «Una locura, decían nuestros amigos, vais a perderlo todo, hasta la camisa, repetía mi padre y mi madre estaba convencida de que moriríamos de fiebres o en una olla hervidos o, peor, que nos comerían crudos», comentó Osa antes de su partida. En su equipaje viajan cámaras de cine, miles de metros de película y un rifle por si acaso.
La finalidad del viaje era realizar un documental de las tribus que habitaban las Salomón y las Hébridas. Desde el principio Osa se revela como una magnífica y valiente ayudante, Martin dirá de ella: «Osa es el mejor amigo que ningún hombre ha tenido». Durante el viaje aprende a cazar y a pescar teniendo siempre la despensa llena. Al más puro estilo Florence, con su larga y rubia melena y su encantadora sonrisa distrae a los nativos mientras su marido los filma. Su obstinación les hace adentrarse en islas cada vez más remotas y alejadas de la civilización. Buena parte de su tiempo lo pasaron en la isla de Malekula donde los blancos que la habían visitado con anterioridad habían sido asesinados o «degustados» por los nativos. Filman imágenes de gran impacto en Tona donde habitan los temidos cazadores de cabezas. Los guerreros les animan a visitar a su jefe en el interior de la isla, ningún hombre blanco ha regresado de este territorio con vida. El jefe Niapan les intenta hacer prisioneros y consiguen escapar perseguidos por una multitud de caníbales. A su regreso el éxito de su película es enorme y en todas las pantallas de Broadway el público se estremece ante la presencia del jefe Niapan y sus sanguinarios guerreros. Los Johnson no sólo sobrevivieron a su aventura sino que años más tarde regresaron al poblado de los caníbales para mostrarles la película que habían filmado.
Su película Caníbales en los mares del Sur fue un rotundo éxito, en ella se mezclaba el humor y el peligro, que sería la marca de identidad de todas sus filmaciones. En 1920 viajan a Borneo, esta vez no para rodar tribus primitivas sino para filmar a los animales salvajes en su habitat. Los Johnson ignoran los problemas con los que van a encontrarse, la selva impenetrable, la humedad, los insectos, no les permiten obtener las imágenes soñadas. Entonces a Martin se le ocurre lo que años antes hubiera hecho Samuel Baker si se hubiera inventado el cine, filmar su propia expedición y sobre todo a su mujer que se desenvuelve con una soltura sorprendente en estas inhóspitas tierras.
Osa se convierte en la heroína de las películas de Martin, es una magnífica actriz que representa a la perfección su papel, «la bella» en el corazón del mundo salvaje; la rubia y hermosa mujer que no duda en agarrar su fusil para defenderse de las fieras. Para entonces Osa ya es una experta tiradora que cubre a su marido cuando éste filma las escenas más peligrosas. Su idea fue otro rotundo éxito, sus Aventuras en la jungla entusiasman al público y a los críticos de Nueva York.
La vida de los Johnson iba a dar un giro cuando les contrató el Museo de Historia Natural de Nueva York para emprender una expedición al corazón de África con la idea de filmar las manadas de elefantes antes de su extinción. Ya no se trataba de filmar películas divertidas y comerciales sino de hacer documentales científicos financiados por esta institución. La infatigable pareja se pone rumbo a Mombasa, después a Nairobi y descubren la grandiosa naturaleza africana donde habitan miles de animales salvajes. Organizan un safari a la antigua usanza y se ganan la confianza de los porteadores que les acompañarán a territorios inexplorados por el hombre blanco. Osa cree que por fin ha encontrado su lugar en el mundo en este «jardín del Edén» y hace frente con indudable humor a los peligros que encuentran en su camino: «Debíamos mantenernos vigilantes a cada paso, resbalar en el agua significaba caer en las mandíbulas trituradoras de un cocodrilo y la muerte inevitable. Los hipopótamos no dejaban de golpear el fondo de nuestra barca, corríamos el riesgo de caer al agua cuando la embarcación chocaba con estas peligrosas criaturas». En los siguientes meses siguen explorando el continente africano, viven al margen de la comunidad blanca de Nairobi que los considera unos imprudentes y excéntricos. Se adaptan al medio con rapidez, aprenden swahili y prefieren dormir bajo una tienda de campaña en medio de la sabana cerca de los masáis. Osa no tiene miedo, África la atrapa y se ha convertido en la compañera indispensable de Martin. Con unos medios muy precarios consiguen imágenes de una belleza espectacular que pasarán a la historia de los documentales.
En 1921 emprenden una nueva expedición en busca de un lago que al parecer se encuentra al norte de Kenia en el interior de un cráter. Al cabo de un mes descubren el lugar al que bautizan con el nombre de Paraíso. A este punto de agua acuden miles de animales a saciar su sed, entre ellos numerosas manadas de elefantes. Los Johnson, enamorados de estos paisajes vírgenes, deciden instalarse un tiempo a sus orillas. Y de nuevo Osa se encarga de todo, multiplica sus energías organizando un equipo de gente para construir una pequeña ciudad en medio de la nada. En apenas cuatro meses Paraíso parece un pequeño pueblo con casas de madera bastante confortables y con todo lo necesario para vivir cómodamente. Hay electricidad, agua, cuartos de baño, cocinas, casas para el personal, tiendas y hasta un laboratorio de revelado. Osa se encargará además de los jardines, huertas, gallineros y como siempre de tener la despensa llena cazando y pescando ella misma. El santuario natural de Paraíso será su hogar en los próximos cuatro años. Si los Burton se sintieron los «emperadores» de Damasco, los Johnson son los reyes del lago escondido.
«Tuvimos algún accidente serio con algún animal salvaje, pero nada grave, aunque a veces salvamos la vida por los pelos. Para obtener las mejores imágenes hay que filmar muy cerca de los animales salvajes más peligrosos como los rinocerontes y los elefantes, corriendo todos los riesgos, avanzando hacia ellos y casi tocándolos», confesaría Osa a su regreso de Paraíso. Por entonces esta glamorosa aventurera, mitad pionera del Lejano Oeste, mitad estrella de Hollywood, se ha convertido en una leyenda en América. La imagen de esta mujer rubia, vestida de safari, cargada con su fusil al hombro y enfrentándose a una manada de elefantes sin que le tiemble el pulso provoca admiración. Están de moda las películas de aventuras y ellos llevan a la gran pantalla el fin de una época dorada en África donde el hombre blanco medía sus fuerzas enfrentándose a las fieras.
Con la fama y un presupuesto sin límites, sus expediciones se complican, cada vez que viajan transportan toneladas de equipo y cerca de cuatrocientos porteadores. Se instalan un tiempo a vivir en Nairobi tras trece años de vida nómada y cuatro a los pies de un cráter en el lago Paraíso. Son unos años locos, los Johnson viven en la civilización pero rodeados de los animales de la selva y en su finca conviven con leopardos, elefantes y gorilas. Continúan con sus documentales de naturaleza y para relajarse aprenden a volar produciendo las primeras películas aéreas de África. «Descubrimos un mundo virgen, manadas de animales desde el aire, un mundo salvaje visto por primera vez desde el cielo.» Y así, viajando en avión y por primera vez ligeros de equipaje, recorren casi 100.000 kilómetros.
El avión les permitía la libertad de aterrizar donde quisieran, de llegar a lugares aún inexplorados, descubrir tribus prácticamente desconocidas. Deciden regresar a Borneo en avión, al territorio de donde tuvieron que huir siendo jóvenes perseguidos por los caníbales. Pasan allí cerca de dos años solos, felices, filmando la naturaleza y las costumbres de las tribus. Ahora ya se ha inventado el cine sonoro y el público escucha en primera fila el rugido de los leones, los tambores de los nativos y los aullidos de los guerreros. Hacen la mejor película de su vida. Eran dos seres felices pero sus sueños pronto se iban a desvanecer.
En 1937 Martin Johnson murió trágicamente en un accidente de aviación cuando volaba en una línea regular rumbo a San Diego para dar una conferencia. Osa tuvo que reconstruir de nuevo su vida, no estaba preparada para un golpe así. Tardó un tiempo, pero esta nieta de pioneros del Lejano Oeste sacó fuerzas para seguir viajando y explotando su imagen de aventurera para poder vivir. Regresó por última vez a África cuando la contrató la Fox como asesora para la filmación de una película en Kenia sobre Stanley y Livingstone. Se animó a escribir sus memorias que fueron un rotundo éxito de ventas, cuentos para niños y hasta lanzó una línea de ropa con su nombre.

Los últimos días de su vida fueron sin embargo los más duros, se refugió en el alcohol y se aisló de todos absorta en sus recuerdos. Murió en 1953 a causa de una crisis cardiaca recordando quizá las palabras que un día le susurrara Martin al oído en Paraíso: «Toda nuestra vida ha sido una búsqueda de lo inesperado, de k> desconocido, y sobre todo de la libertad, la búsqueda de este tesoro escondido al pie del arco iris, y poco importa si no lo hemos hallado, buscándolo hemos hecho de nuestra vida la más bella de las aventuras».

Fragmento de Viajeras intrépidas y aventureras, de Cristina Moratón. Un libro totalmente recomendable.

lunes, 6 de octubre de 2014

Politizar la desidia

Permitidme que, desde lejos, eche un vistazo al problema de España y su contagio del ébola. Quizás a esta distancia me pueda permitir lo que no me permitiría allí mismo, pero el caso es que no deja de llamarme la atención el énfasis que ahora se pone en algo que era hasta hoy sobradamente conocido y causaba miles de muertes al año.

Hay una cosa que todos los españoles saben, aunque sólo se habla de ello en privado: los hospitales son peligrosos. Cuando se reduce el tiempo de hospitalización de las personas, la supervivencia aumenta, y eso se debe a que el número de infecciones hospitalarias es terriblemente alto en España. ¿Por qué? Por bacterias resistentes, por mala gestión de los hospitales, por desidia en general del personal médico, que no cumple los protocolos  ni a tiros.

Si preguntas por ahí, res casi imposible encontrar a alguien que no haya conocido un caso de infección hospitalaria, de alguien que ingresó con una chorrada y se murió, o estuvo a punto de morirse, por una porquería contraída en las instalaciones sanitarias.

¿Y por qué de todo esto nos e hablaba y ahora se habla del ébola? Porque la infección normal y corriente, la porquería diaria, no le rendía réditos políticos a nadie. Porque el corporativismo médico tapaba cuidadosamente la fosa común de los muertos en esas infecciones, sin que nadie sintiese el menor deseo de exhumar toda esa mugre.

Sin embargo ahora ha aparecido la ocasión de culpar la Gobierno, y la valoración del asunto cambia. Ahora ya importa menos el corporativismo médico, porque parece que no se acusa a los médicos. Ahora ya importa menos lo que se hizo mal, porque parece que el que lo hizo mal fue un tipo en un despacho, y no el de siempre, el que no hace ni caso de las normas, el que actúa sin  preparación, el que gestiona las unidades de infecciosos.  
¿Qué ha ocurrido en España? Una variación de lo de siempre. Pero es mediático, pero se puede sacar tajada política, pero se puede intentar sacar algo distinto a lo que se discute, pero se puede hacer daño al adversario.

¿Y con las infecciones, millares, de todos los meses, qué se va a hacer? Encogerse de hombros, como siempre.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Problemas y problemas irresolubles. La transición hacia nuevos modelos de sociedad

Hoy quiero hacer llegar la traducción que Anselmo, forero de Crasdhoil, realizó de un importante artículo de Michael Greer. Se trata de uno de esos textos que nos invitan a la reflexión desde algo más que la frialdad de los datos. Es, por tanto, un texto intelectual que aborda materias técnicas y se centra en la realidad de América, aunque resulta igualmente válido para el resto del mundo. Espero que os guste.


Uno de los lectores regulares de este blog expresó en un comentario hace unas semanas su ferviente esperanza de que  yo pudiera escribir algunas pocas líneas sobre las medidas que la debería adoptar con respecto al presente  problema irresoluble   a la que se enfrenta la civilización industrial. Es una pregunta clara y sencilla.   Tanto que mucho de lo que he escrito en este post se ha centrado en explorar dicho problema irresoluble en si mismo, siguiendo sus raíces a través de uno de los lugares comunes del pensamiento moderno, y demostrando que muchas  de las asunciones usuales con respecto a lo que está pasando  y como tratar con ello están fundamentadas en fantasías y malentendidos.; como Buckminster Fuller gustaba señalar, utilizando un dicho popular cuyo significado es que es un error interesarse por los detalles de un tema si todavía no tienes claro si éste te interesa  . No obstante, antes o después, los temas teóricos precisan dar salida  a propuestas para la acción. 

Dichas propuestas son lo suficientemente comunes estos días, para estar seguro. Hay mucha gente convencida de que reemplazar los individuos actualmente en el poder por otros más de su gusto es el primer paso en la resolución de los problemas a que se enfrenta nuestra civilización industrial.  También hay muchos otros que insisten en que los problemas no pueden ser resueltos de ningún modo, la civilización industrial está condenada a ser asolada por completo, y la única respuesta apropiada supone esconderse en una cabaña en los montes con un alijo muy completo de parafernalia al estilo Mad Max. Un tercer enfoque vislumbra una solución parcial vía construcción de eco villas y una economía sostenible, apoyada y financiada por individuos y comunidades locales  Con la esperanza de tener Buena parte de una infraestructura alternativa en funcionamiento  antes de que el conjunto actualmente disponible se venga abajo. Yo ya he afirmado en otro lugar que las dos primeras opciones son inútiles en el mejor de los casos y me siento inclinado a ser menos tajante con la tercera en la medida en que esta se mantenga a salvo de la tentación de  fantasear con el desvarío de que la clase media estadounidense  basados en la creencia de puede mantener los privilegios y beneficios extraordinarios  de su extravagantemente y subsidiarizado estilo de vida por mucho tiempo. 

A pesar de las diferencias entre ellos, sin embargo, cada una de las tres propuestas conceptualiza la situación -del mismo modo-– como un problema que requiere una solución. Esto que puede parecer de sentido común, no lo es, y un paralelo histórico puede ayudar a percibir lo que está pasando aquí. 

Imagine,  que algún antepasado mío  aparece en una prospero pueblo campestre  en las Midlands inglesas un brillante día de otoño en torno a 1700. Esta pacífica escena pende del flanco de un cambio catastrófico. Cortesía de la inminente llegada de la Revolución Industrial, antes de que haya transcurrido un siglo, cada edificio en la villa será derribado, sus campos convertidos en pasto para el ganado ovino, los campesinos expulsados de sus tierras por las Enclusure Acts, aprobadas por un distante parlamento con la finalidad de proveer de lana a la industria textil inglesa  y de beneficios a una nueva clase de magnates industriales. Para los hombres jóvenes del pueblo, La transformación de Inglaterra en un imperio mundial constantemente guerreando con sus rivales europeos profetiza un futuro de trabajos forzados, servicio militar y muerte en  campos de batalla de cualquier lugar del mundo. Para una mayoría de los otros, el futuro ofrece  una elección forzada entre una vida de trabajo de fábrica a precios de hambre en los horribles barrios bajos de la Inglaterra del siglo 18, o la emigración a un incierto destino  en las colonias americanas. Unos pocos afortunados prosperarán más allá de sus sueños más salvajes gracias a haber apostado en maneras de ganarse la vida que nadie en aquel día de otoño habría sido capaz ni tan siquiera de  fantasear. 

Imagina que, cosa harto improbable, mi antepasado hubiera concebido todo esto con antelación,  y hubiera decidido advertir a los habitantes del pueblo de lo que se avecinaba.  Allí sobre el césped que crecía en la zona central del pueblo y a la sombra de un roble con todos  sus vecinos reunidos, desde el escudero y el párroco  a los porqueros y jornaleros congregados  a su alrededor   , el les diría que su modo de vida iba a ser finalmente destruido e intentaría describirles el modo en que la naciente sociedad industrial les iba afectar, a sus hijos, y a la tierra y vida que ellos amaban. Imagina que, cosa  más mucho más improbable todavía, todos los vecinos tomasen la advertencia  en serio.  A medida que la tarde pasa los habitantes del pueblo reconocen que éste es un serio problema verdaderamente y que le preguntarán a mi antepasado imaginario, sobre qué era lo que él pensaba que debían hacer al respecto. 

  Si la pregunta hubiera sido hecha, ¿ cual podría haber sido la respuesta? Desde la perspectiva de hoy es  manifiesto que nada que los habitantes del pueblo pudieran haber hecho podría haber modificado el curso de la Revolución Industrial lo más mínimo.  Las causas estaban muy lejos de su control – eventos geológicos a millones de años en el pasado  habían dejado inmensos depósitos de carbón en el fondo de los mares que algún día llegarían a ser Inglaterra, patrones económicos que se remontaban  a la caída de Roma, cambios políticos que llevaban sacudiendo Europa durante dos siglos - conduciendo a Inglaterra a través de su transformación industrial. Si, por una solución, sus oyentes se refieran a cambiar la situación entera a mejor, mi antecesor imaginario habría dicho que ninguna. 

Como mucho, él podría haber dado a los habitantes del pueblo consejo sobre como  contemporizar con el torrente de cambios que estaban a punto de romper sobre sus cabezas de forma que éste fuera un consejo general. Las consecuencias de la revolución fueron casi tan complejas como sus causas. La destrucción de la economía rural tradicional de Inglaterra y de la sociedad que dependía de esta, produjo olas de cambio que se movieron en todas las direcciones. Las respuestas exitosas a estas siguieron caminos divergentes. Algunos prosperaron abandonando sus viejas vidas  por completo  y relazando la travesía a un nuevo continente y a una nueva vida o a una nueva economía, otros por optaron enterrarse hasta los tobillos y mantener su viejo modo de vida tanto tiempo como fue posible, Otros manteniéndose flexibles y manteniendo todas sus opciones abiertas. Al mismo tiempo otros encontraron que una u otra de estas estrategias les condujeron sólo al empobrecimiento y a la muerte prematura. 

La cuestión en sí misma, naturalmente, era la dificultad inevitable. Lo que aquellos habitantes de un pueblo inglés afrontaron en los años siguientes a 1700 era un problema irresoluble, no un problema. La diferencia es que un problema precisa una solución; la única cuestión es si uno la puede encontrar y poner en práctica y una vez que esto está hecho, el problema está resuelto. Un problema irresoluble, por contraste, no tiene solución. Enfrentada a éste, la gente responde de distinta manera,  esas respuestas pueden triunfar, o fracasar, o pueden quedar entre ambos extremos, pero ninguna de ellas “resuelve” el problema irresoluble, en el sentido de que ninguna de ellas lo elimina de raíz.     

Para los seres humanos, al menos, el problema irresoluble  arquetípico es la inminencia de la muerte  frente al que  nosotros tenemos respuestas que están en un rango entre la evasión y la denegación hasta alguna de las mayores creaciones de la mente humana.  Debido a que es un problema irresoluble, no un problema, las respuestas no lo hacen  desaparecer, Ellas no lo resuelven, simplemente tratan con su problema irresoluble. Ninguna respuesta funciona con todo el mundo, A pesar de que alguna tiende a hacerlo mejor que otras. El problema irresoluble  permanece, y condiciona cada aspecto de la vida de un modo u otro. 

La diferencia entre un problema y un problema irresoluble  tiene particular relevancia aquí y ahora, porque los últimos trescientos años han sido testigos de un curioso cambio   en el modo en que algunos factores básicos de la vida han sido conceptualizados. Desde el advenimiento de la civilización industrial, los problema irresolubles que definen lo que se acostumbra llamar “la condición humana” han sido enmarcados como un conjunto de problemas a resolver.  La Muerte misma cae en esta categoría por un lado tenemos transhumanistas comido Alan Harrington en su Proclamación inmortalista de que la Muerte  es “una imposición a la raza humana” por el otro lado tenemos una industria médica dispuesta a infringir  casi cualquier cantidad de indignidad y dolor en orden a preservar simple la vida biológica un poco más de tiempo a cualquier coste. La mitología del progreso de nuestra cultura  prevé el objetivo de nuestra civilización como un estado utópico en el que la pobreza la enfermedad, la muerte y cualquier otro aspecto de los problema irresolubles s que acaecen al Ser Humano ha sido convertidos en problemas y resueltos por la tecnología.     
Yo he afirmado en otro lugar que la crisis de la sociedad industrial significa el final de tales fantasías, Y el retorno a un mundo que nuestros antepasados del 1700 podrían reconocer. Un aspecto de este retorno a la problema irresoluble es el reconocimiento de que muchas cosas  que hemos conceptualizado como problemas son realmente problemas insolubles, tal y como nuestros antepasados sabían bien. No podemos resolver esas cosas y debemos hacernos a ellas; La muerte, por ejemplo, no es una “imposición;” es una parte de la condición humana a la que no podemos escapar. Una buena observación debe hacerse,  esta también es una de las primeras fuerzas conductoras detrás del arte humano, cultura y sabiduría  y el hecho de que la confrontación con la inevitabilidad de la propia muerte es un paso inviable en el camino a la madurez humana. 

 ¿ Puede el problema  de la civilización industrial  empujarnos en la misma dirección–hacia una madurez de espíritu que nuestra cultura ha mostrado pequeños signos recientemente, hacia una más sabia y más creativa respuesta a la condición humana?  Esto es lo que todos desearíamos. No obstante la ironía de la presente crisis es que una civilización que ha intentado convertir todos los predicamentos en problemas, ha sido confrontada con problemas eludibles en su momento que, ignorados demasiado tiempo, se han convertido en problemas irresolubles.  Tal y como  ya he comentado más de una vez, una controlada y creativa transición a la sostenibilidad  podría haber sido posible si   los primeros pasos en este sentido, dados a comienzos de los años 70, hubieran continuado en los 80 y 90. Esto no sucedió y nuestro problema  de la era moderna incluye la muy alta posibilidad de  una incontrolada transición a la sostenibilidad   a través del colapso catabólico. 

Vale la pena hablar acerca de respuestas posibles a ese problema, en la medida en que ellas no estén confundidas por soluciones a un problema. En los meses por venir el Informe del Archidruida intentará trazar el mapa sobre los modos en que nuestro problema irresluble puede ser probablemente desdoblado, y algunas de las respuestas que pueden tratar con este desdoblamiento. Mis lectores no deben esperar un programa paso a paso de cómo sobrevivir y prosperar en la variedad de colapso apocalíptico por venir.   (No habiendo sobrevivido y prosperado a través de de ningún Apocalipsis últimamente, yo sería la persona equivocada para escribir semejante cosa, de todos modos) del mismo modo que mi antepasado imaginario en el ejemplo anterior habría sido capaz de dar algún buen consejo  a los habitantes del pueblo esperando capear el advenimiento de la Era Industrial. Pondré lo mejor de mi parte para aconsejar a aquellos quienes quieran sobrevivir a su ocaso  No obstante, ante un problema  no hay apuestas seguras. 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Chile, país de contrastes.

Bandera y Constitución de Chile
La singularidad de la geografía de Chile, que ocupa principalmente un territorio estrecho y alargado al oeste de América del Sur, hace de este país un lugar lleno de contrastes. El primero de ellos es su división en tres zonas claramente diferenciadas, y que pertenecen a tres continentes distintos. La primera de ellas es el llamado Chile continental, con una longitud de más de 4.000 km, pero con una anchura que oscila entre los 90 y los 445 km. La segunda zona es el Chile insular, que está formado por conjuntos de islas volcánicas, parte de las cuales pertenece a Oceanía. La tercera zona es el Territorio Chileno Antártico, y se encuentra en la Antártida.

Recorrer el país nos puede llevar por desiertos y hielos perpétuos, por largas playas y bosques frondosos, volcanes nevados, montañas,  islas y lagos. Si en la zona norte del país se encuentra el Desierto de Atacama, el  más árido del mundo y que se sitúa entre el océano Pacífico y la Cordillera de los Andes, al sur del país Chile comparte con Argentina el territorio de la Patagonia, donde el paisaje se compone de inmensos campos de hielo y donde se encuentra el glaciar más largo del mundo, el Pio XI.

Glaciar Italia
La Cordillera de los Andes, que forma una frontera natural con Bolivia y Argentina y recorre el este del país, tiene en el Nevado Ojos del Salado su punto más alto, siendo a su vez el volcán más alto del mundo. Otra cadena montañosa, la Cordillera de la Costa, se localiza en el norte y centro del país.

La zona central de Chile es la más poblada, donde se encuentra su capital, Santiago, y la mayor parte de las ciudades importantes. Su extenso litoral da lugar a la formación de grandes playas, muy apreciadas por los turistas. En el interior del país, es posible encontrar una naturaleza en estado puro donde contemplar una fauna y flora autóctona, con grandes bosques y parques naturales de gran belleza, como el Parque Nacional Torres del Paine, uno de los más famosos del país.

La Región de los Lagos es otro de los atractivos turísticos. Situada al sur Chile, su mayor atractivo es su naturaleza, con ríos, lagos, montañas y volcanes, que la hacen un lugar inmejorable para la práctica de todo tipo de deportes al aire libre.

En definitiva, Chile es un país con mucho que ofrecer al turista, que siempre descubre algo nuevo de su agrado.

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Grabloben

martes, 10 de septiembre de 2013

Museo de la Merced en Santiago.

[caption id="attachment_1138" align="alignleft" width="300"]Fachada del museo Fachada del museo[/caption]

Visitar Chile y más concretamente su capital, Santiago de Chile, se convierte en una experiencia placentera y difícil de olvidar. Nada como callejear y perderse por los rincones, probar sus platos típicos, disfrutar de parques y jardines y empaparse de la cultura. Y para realizar esto último lo mejor que podemos hacer es acercarnos hasta el famoso Museo La Merced. 

Se encuentra en un lado de la Basílica anexa, que antiguamente fue un convento construido en el 1855, sobre los restos de otro convento en ruinas, fechado en 1760. El museo se construyó con cuatro claustros, y aunque se terminó de construir en 1758 y de reconstruir en 1780, una parte se derribó en 1977.

Una vez que accedemos al mismo podremos disfrutar de arte de estilos tan variados como el barroco, el precolombino y el polinesio. En el primer piso se encuentra la colección de Pascua, en la sala que tiene por nombre "Los espíritus de Rapa Nui". Aquí se dan cita y se unen detalles y testimonios aborígenes y del mundo europeo, a través de piezas precolombinas y de otras culturas.

Cuando ascendemos al segundo piso nos encontramos con un lugar denominado "Los Emblemas de la Fe", y el nombre lo recibe por los numerosos crucifijos y esculturas tanto de santos como de vírgenes. En otra sala, conocida como la del "Mestizaje Artístico”, podemos ver objetos del barroco latinoamericano, caracterizado por la utilización del oro y la plata. En este piso también hay un abundante número de tallas realizadas en madera policromada, figuras utilizadas para la devoción de los fieles y que se complementan con adornos como lágrimas de cristal, pelo humano, dientes y uñas naturales o lenguas realizadas en cuero.

 Pero sin duda uno de los atractivos del Museo La Merced son los conocidos fanales de estilo barroco. Se trata de figuras del Niño Jesús, decoradas abundantemente y que se guardan en cúpulas realizadas en cristal. Esta muestra es de las más importantes de Chile.

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jueves, 5 de septiembre de 2013

Lago Verde

[caption id="attachment_1132" align="alignleft" width="225"]La Tapera La Tapera[/caption]

La comuna de Largo Verde la componen dos cuencas, por un lado encontramos la del Río Cisnes y por otro la de Palena; la separación natural viene dada por las montañas del lugar, y se crean así dos divisiones diferenciadass. Las localidades de Villa La Tapera, Villa Amengual, Cisnes Medio, Alto Río Cisnes y Lago Verde, forman la comuna de Lago Verde. La capital de la comuna se encuentra a una distancia de 350 kilómetros de la capital de la región, Coyhaique.

Villa La Tapera y Lago Verde se encargan de gestionar y proporcionar servicios a las zonas rurales y son por ello las más pobladas. En Villa Amengual es donde se concentra un mayor número de comercios.

El lugar ha sido escogido durante los últimos años como un destino turístico preferido para los amantes de la naturaleza. El clima (con mucha diferencia entre verano e invierno), los grandes contrastes, los caminos, las vistas, la fauna y la flora, invitan a pasar unos días en Lago Verde desconectando del entorno habitual de las ciudades. Se han habilitado zonas de camping y diferentes tipos de hospedaje y se ha potenciado el deporte de aventura, la pesca en su modalidad deportiva y el senderismo en la zona.

Dos importantes lugares se encuentran aquí. La Reserva Nacional Lago Carlota, a sólo 35 kilómetros de Villa La Tapera, donde se pueden ver especies animales como el  pato real, cernícalo, puma, guanaco, ñandú, huemul o flamenco chileno. La Reserva Nacional Lago Las Torres, a la que se accede a través de la Carretera Austral y está a 125 kilómetros al norte de Coyhaique; la vegetación cobra una gran importancia y crecen importantes ejemplares de tepa, mañio o coigüe. En ambos lugares existe una zona para el descanso, zona de picnic y zona de actividades deportivas, utilizadas por los visitantes.

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martes, 3 de septiembre de 2013

Llanquihue.

[caption id="attachment_1128" align="alignleft" width="300"]Lago Llanquihue y volcán Osorno Lago Llanquihue y volcán Osorno[/caption]

Bien por La Ruta 5 Sur o Carretera Panamericana de Chile o bien por la Autopista de los Lagos podemos llegar a Llanquihue, en la Región de los Lagos. Forma el Distrito Electoral N° 56 junto con las comunas Fresia, Frutillar, Los Muermos, Puerto Octay, Puerto Varas, Purranque, Puyehue y Río Negro.

Frente al volcán Osorno, descansa sobre el lago que lleva el mismo nombre y que anteriormente se denominaba desagüe, ya que hasta allí llegan las aguas procedentes del río Maullín, pero en 1897 se cambió por el actual nombre de origen mapuche que significa lugar hundido o sumergido.

Si hay algo que caracteriza a este paraje de Chile es la calma que aquí se impone en cada rincón. Es por lo que se ha convertido en un destino que está en los primeros puestos elegidos por los turistas que desean pasar unos días de una forma relajada y disfrutando de las vistas que proporcionan el lago, el volcán y todo el entorno. Aquí todo se mueve en torno a la agricultura, la ganadería y el turismo, pues son las actividades que generan ingresos en Llanquihue.

Muy típico es realizar la conocida vuelta al lago Llanquihue, no es necesario comenzar desde Llanquihue, pues es circular. El recorrido es largo, abarca más de 185 kilómetros (la mayoría de ellos se encuentran pavimentados), pero la belleza del lugar nos dará lugar a que disfrutemos de puntos tan atractivos como Puerto Varas, Frutillar o Puerto Octay. También conviene visitar el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, que a tan sólo 60 kilómetros de Llanquihue muestra bonitas estampas de tres impresionantes volcanes, Osorno, Tronador y Puntiagudo. Este parque cuenta con cascadas, bosques en estado puro, lagos de agua cristalina y una abundante fauna. Es una zona apta para realizar largas caminatas mientras nos adentramos en la naturaleza.

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